Central nuclear de Fukushima (Japón). Fuente: The New York Times
Los graves problemas que, a raíz del reciente terremoto y posterior tsunami, están padeciendo los reactores nucleares de la central de Fukushima en Japón (Imágenes 1 y 2) han puesto sobre el tapete el tema de la seguridad de la energía nuclear.
Para comprender cómo funciona una central nuclear mira la siguiente imagen y pincha el enlace.
Imagen 1. Efectos de la radiación en Japón. Fuente: EL PAÍS
Imagen 2. Medición de la radiactividad a 17/03/2011. Fuente: EL PAÍS
Imagen 3. Funcionamiento de un reactor nuclear. Fuente: EL MUNDO
Funcionamiento de una central nuclear: http://www.inza.com/ainoa/Funcionamiento%20de%20una%20central%20nuclear.htm
En los últimos años se estaba consolidando una corriente de opinión favorable a la intensificación del uso de esta energía mediante la construcción de nuevas plantas o el alargamiento de la vida de las ya existentes (ver mapa 1). Incluso países que permanecían ajenos al uso de este tipo de energía mostraban intenciones de construirlas (caso de Venezuela o Irán, en este último caso con fuertes implicaciones políticas); actualmente hay 65 reactores en construcción -50 de ellos en China- . Esta predisposición hacia lo atómico se basaba en los siguientes postulados:
- La necesidad de cumplir con los protocolos que limitan la producción de CO2 y, por tanto, limitar el uso del carbón y del petróleo.
- El progresivo encarecimiento del precio del petróleo y del gas.
- La creciente demanda de energía vinculada a unos estilos de vida difícilmente compatibles con un uso razonable de los recursos y del medioambiente.
Mapa 1. Reactores en el mundo. Fuente: EL PAÍS
No podemos obviar tampoco los grandes intereses económicos que existen tras los deseos de proliferación de plantas nucleares: empresas eléctricas, de ingeniería, etc. Lo que se denomina el lobby nuclear. Construir una central nuclear es muy caro –entre 3.000 y 5.000 millones de €-a lo que habría que sumar los gastos de seguridad y de gestión de los residuos. Aún así parece, aunque no es una opinión unánime, que se trata de una fuente de energía rentable a medio y largo plazo.
Este panorama ha cambiado bruscamente como consecuencia del desastre producido en la central japonesa. De repente, la opinión pública ha comprobado que la seguridad de las instalaciones nucleares nunca es total y el miedo a una catástrofe radiactiva, con el recuerdo de Chernóbil siempre cerca, ha resurgido. La sensación de seguridad que poco a poco había ido cuajando en la opinión pública se ha desvanecido de golpe.
Ante este cambio en la opinión pública la mayoría de gobiernos han puesto sordina a sus posiciones pro-nucleares. Hablan de revisar profundamente las medidas de seguridad o de paralizar las nuevas construcciones. Pero la energía nuclear es problemática: a las cuestiones de seguridad y de coste económico hay que sumar el hecho de que el uranio también es finito y que se calcula que comenzará a escasear hacia mediados del actual siglo. Se hace necesario, por tanto, un cambio en el modelo energético -que conlleva también un cambio en el modelo de desarrollo económico actual- y el fomento de la investigación de nuevas fuentes de energía.
Imagen 3. Uso de fuentes de energía. Fuente: http://www.energiasrenovables.ciemat.es/especiales/energia/index.htm
No obstante, de momento, es muy difícil prescindir de golpe de la energía nuclear. Los países que la usan dependen de ella en un grado elevado: un 20 % de la energía consumida en España, EE. UU. o Gran Bretaña; 45 % en Francia o 76 % en Suecia.






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